Las constelaciones, ¿debate entre esoterismo y terapia? Por Ilse Gschwend

Está claro que la forma que le damos a nuestra vida es en parte responsabilidad nuestra. Sin embargo, nuestro estar en el mundo, el modo de vivir las relaciones tiene su fundamento sobre todo en aquello que hemos vivido y aprendido en nuestra familia de origen. Nos sentimos unidos a ella de modo consciente, pero al mismo tiempo existe un estar unido al destino de nuestra familia de origen y al de generaciones anteriores que no es consciente. Las lealtades inconscientes pueden mostrarse cumpliendo cometidos, viviendo deseos o sueños no realizados de nuestros padres y abuelos, entre otras cosas; sentimientos indeterminados de sobrecarga que a menudo no sabemos clasificar vienen de generaciones anteriores a jugar un papel en nuestra vida. El inconsciente familiar también se puede hacer visible en la elección de la pareja, en el modo de configurar la vida, en conseguir o no realizar los proyectos de vida, así como en las enfermedades.
Las constelaciones familiares le posibilitan al cliente reconocer y sobre todo sentir conexiones no conscientes que nos unen a nuestra familia y antepasados. Por medio de intervenciones terapéuticas específicas por parte de la consteladora o constelador pueden experimentar un alivio individual y obtener nuevas perspectivas.

Hay que señalar que las constelaciones familiares no surgen “de la nada”, sino que tienen su base en anteriores enfoques de la psicología. Los precursores de las constelaciones familiares fueron las “esculturas familiares” y las “reconstrucciones familiares” (desarrolladas por Virginia Satir en los años 50 del siglo pasado) y el trabajo con el “tablero familiar” (Kurt Ludewig) con ayuda de pequeñas figuras. Yo aprendí estos procedimientos en mi formación como terapeuta familiar sistémica hace 25 años. Enlacé el trabajo con constelaciones familiares a las experiencias de trabajo con estos dos procedimientos.
Lo que aportan estos procedimientos que ofrecen imágenes es entrar en contacto con otro tipo de percepción diferente a los métodos terapéuticos con orientación exclusivamente verbal. Hacer visibles imágenes interiores con ayuda de otras personas, poder entrar uno mismo en la imagen para experimentar la sanación de un modo “palpable”, personalmente ver y tocar a personas importantes (aunque se trate de sus representantes), reconocer las conexiones, desde el punto de vista neurofisiológico todo esto genera impulsos de cambio cuya fuerza no debe ser infravalorada.

Gran parte del hecho de que las constelaciones puedan ser consideradas esotéricas se debe a que no está del todo claro como pueden los representantes “sentir lo que sienten” y captar con tanta claridad información de otra persona que desconocían completamente.

Desde los conocimientos actuales, las constelaciones se consideran campos en los cuales los representantes entran en una especie de “memoria colectiva” y logran el acceso a la historia de un grupo familiar, sin haber obtenido información previamente. El biólogo inglés Rupert Sheldrake perfeccionó la teoría de los campos morfogenéticos, según la cual la transmisión de información no se da solamente a través de los genes, sino que la energía y sus efectos positivos o negativos también se transporta a través de los llamados “campos mórficos”. El campo se enriquece con cada individuo y cada individuo está “conectado” a él. Entre otras cosas, esta teoría sirve de explicación al hecho de que los representantes, por medio de su percepción, tengan acceso a “la memoria familiar”. C.G. Jung, distinguido representante de la psicología analítica, hablaba hace ya muchos decenios sobre el inconsciente colectivo, al que todos los seres humanos estamos conectados. En este tiempo se han ido añadiendo otros pensamientos teóricos del campo de la neurobiología.

Aun y con todo esto, la experiencia concreta en las constelaciones –y cabe recordar que hay muchos otros tipos de formatos de constelaciones, no solo las “familiares clásicas”- nos lleva una y otra vez al límite de la comprensión, y mucho sigue siendo un enigma.

Sin embargo, más allá de “la espectacularidad” de acceder a esta informacion del campo mediante las constelaciones, los factores esenciales en el desarrollo de la efectividad terapéutica de esta metodología tienen que ver con aquello que causa efecto, aquello que ayuda a las personas y sobre todo con saber que a todos no les ayuda lo mismo. Considero que las intervenciones y los métodos que prometen lo mismo a todas las personas – independientemente de su experiencia vital y de la estructura de su personalidad – no son serios. Desde mi experiencia considero importante que las personas que dirigen constelaciones tengan suficiente conocimiento psicoterapéutico y experiencia práctica de trabajo con clientes, que es lo que más marca su desarrollo personal y profesional. Cabe añadir que el aprendizaje de y con compañeros y compañeras, aquellos que nos sirven de ejemplo (Gunthard Weber, Bert Hellinger, Matthias Varga von Kibed…), el intercambio interdisciplinar, enriquece también la potencia terapéutica del trabajo con diferentes tipos de constelaciones.

Las constelaciones (familiares o de otro tipo) no “sustituyen” a otros métodos terapéuticos y los consteladores y consteladoras cualificados hace mucho que abandonaron esta discusión. Los terapeutas experimentados respetan todas las corrientes terapéuticas, cada una tiene sus posibilidades.Los relatos sobre clientes que tras años de psicoterapia en un fin de semana han solucionado su problema, alimentan la creencia en el “efecto milagroso” de las constelaciones familiares y someten a los consteladores sin experiencia al estrés de tener que lograr lo más rápidamente posible una solución.

Desde el punto de vista terapéutico hay que valorar y clarificar bien la disposición psíquica y física de los clientes, ya que no todos los procedimientos terapéuticos son igualmente útiles en cualquier momento en la vida de un cliente. Aquel que opine que las constelaciones solas pueden ser utilizadas como “herramientas“ para sanar absolutamente todo está, según mi opinión, totalmente equivocado; un martillo solo no basta para reparar todo lo que se haya roto. Tener una selección de herramientas a nuestra disposición garantiza que los clientes reciban lo que necesitan en su situación actual – y eso no puede ser siempre sólo un martillo. Para las personas muy traumatizadas, por ejemplo, las constelaciones familiares no son siempre el primer medio a elegir. Cuando se coloca a los perpetradores participes del trauma se corre el riesgo de re-traumatizar. La valoración de qué y cómo actuar corresponde a la terapeuta, y ésta necesita tener suficiente experiencia para ello.

Las constelaciones como intervención terapéutica dan buen resultado sobre todo cuando la persona que las dirige se distancia de todo tipo de sabihondez y además sabe que las constelaciones siempre pueden mostrar únicamente segmentos de sistemas familiares.

Lo que he podido ver en todos estos años, especialmente viendo la evolución del trabajo del propio Hellinger, es que las convicciones personales marcan el trabajo de constelaciones muy profundamente y que cada terapeuta ha de encontrar su dirección personal. En mi opinión, los parámetros esenciales para este trabajo son el conocimiento, conocer el oficio, intuición, experiencia vital y una humildad férrea. Un punto importante para mí es la experiencia de que no cambiamos los destinos, sino que sólo podemos ofrecer algo – y esto lo podemos ofrecer con todo nuestro corazón.

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