“Las constelaciones familiares, reflexiones sobre su funcionamiento” por Manuel Zapata

Manuel Zapata es médico y constelador.

Durante los casi 20 años de mi vida que he dedicado al aprendizaje y a la práctica de la terapia Sistémica de Bert Hellinger, en España conocida como “Constelaciones” he vivido un cambio continuo en la forma de practicar esta terapia. Digo conocida en España porque como sabéis me formé en Alemania con Bert Hellinger en idioma alemán y considero errónea la traducción que se ha hecho del nombre que le dio Bert. Mi opinión es que “Configuraciones Familiares” se acercaría más al término original “Famillien Aufstellungen”. La ventaja de este nombre sería evitar asociaciones con la astrología, que merece todo mi respeto (tengo un master en Astrología) pero que no tiene nada que ver con el trabajo de constelaciones.

La forma inicial de esta práctica, que Hellinger definió en su día como “Movimientos del Alma”, fue poco a poco cediendo el paso a los “Movimientos del Espíritu”. Esto supuso un profundo cambio en la forma de practicar esta forma de terapia. El “constelador” fue dejando cada vez más de intervenir en la constelación y se enfrentó al reto de tener paciencia y neutralidad para mantenerse al margen y dejar que los movimientos hablaran por sí mismos. La misión del terapeuta hasta ahora era la de reconocer el desorden y darle a la persona que constela una imagen de la restitución del orden. Un paso más adelante supone dejar que sea la propia constelación y el constelando quien encuentre la solución.

Como todos sabemos el punto débil, del que depende casi todo en este trabajo, es el de los representantes. Como sabemos elegimos personas entre los asistentes a la constelación para que representen el tema a constelar y las personas afectadas. Aquí tenemos que hacer un acto de Fe y creernos que alguien que no conoce a la persona representada pueda dar información sobre la misma y pueda mostrarnos lo que no está en orden en el sistema. Esta aparente “magia” intenta explicarse con que el representante conecta con una especie de “consciencia colectiva” de todos los que asisten a la constelación, lo que Rupert Shelldrake define como “campos mórficos” y “campos morfogenéticos”.

Con mi historial de médico, investigador científico y agnóstico, podéis entender que este acto de fe haya sido y sea hasta hoy un reto. Puedo decir que, en la múltiples ocasiones en las que he hecho de representante de otros, he podido experimentar esta conexión, pero esto no ha podido evitar hasta hoy el regusto amargo de lo inexplicable que se manifiesta en situaciones en que me preguntan lo que son las constelaciones, o en las que en cursos o seminarios tengo que explicarlas con la sensación de tener que defender la realidad de lo inexplicable.
Ya desde hace tiempo vengo buscando nuevos caminos en la práctica de las constelaciones. Los que me conocéis sabéis que me gusta trabajar a ciegas, o sea elegir los representantes sin que estos sepan a quienes representan y puedo decir que los resultados conforman las expectativas. La información que dan los movimientos físicos y anímicos de representantes que no saben a quién o a que representan son incluso más puros y profundos.

Por otra parte vengo observando que cuando practico constelaciones dentro de un grupo de formación, estas en general fluyen mejor y los movimientos sanadores son más profundos. En un principio pensé que los alumnos que ya conocen los principios sistémicos pudieran en sus movimientos estar influenciados por sus conocimientos, pero pronto abandoné esa idea ya que ocurría lo mismo en los talleres mixtos donde acudían tanto alumnos como personas que no conocían las constelaciones.Actualmente he llegado a la convicción de que lo que el éxito o fracaso de esta conexión con los campos mórficos no viene determinado por los conocimientos de los mismos sino por su actitud ante la tarea.Si el representante se entrega a su tarea con una actitud neutral, sin miedos y dispuesto a discernir entre la propia consciencia y los sentimientos e impulsos de movimiento que recibe del campo mórfico, nos dará la información que necesitamos para reconocer la dinámica de desorden a solucionar. Si por el contrario se cierra a recibir esas señales o tiene miedo a sus percepciones la constelación no fluirá.

La actitud de los que observan la constelación es también muy importante. Los observadores deben ser neutrales con lo que sucede, sin juzgar, sin etiquetar y sin pretender ayudar o transmitir energía a la persona que constela. Estas actitudes pueden interferir en la constelación impidiendo su desarrollo.

Es por eso que desde hace algún tiempo dedico en cada taller un tiempo para la preparación de los representantes y observadores. Para la evolución de las constelaciones es muy importante que todos los que tenemos experiencia en su práctica probemos continuamente nuevos caminos. Los grupos de formación son un campo idóneo para estos experimentos.Personalmente vengo desde hace tiempo experimentando con una nueva forma de constelar que dentro de poco creo poder dar a conocer.

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